SIG 2010: 1er día
Llegué al SIG 2010 con muchas expectativas, pues era la primera vez que asistía a este evento que ya lleva 9 años, aunque varios amigos ya me habían advertido que este año, por aquello de la crisis, podría estar algo disminuido en cuanto a expositores, en especial en materia de vinos que fue lo que me atrajo inicialmente. Debo decir que me decepcionó bastante el lugar, pues demostraba estar aún en construcción, también la organización, pero como de esto ya se ha escrito, paso a comentar los vinos y otros menesteres que probé en este primer día:
Como llegué un poco antes de mediodía, me detuve primero en el quiosco de la Distribuidora B & A, quien mostraba generosa muchas latas y botellas de cerveza Bavaria, una cerveza holandesa que debo haber probado hace tiempo, pero que, como buen bebedor de cerveza venezolano, no tenía idea de a qué sabía. Esta vez la probé como quien degusta un buen vino y, además del conocido sabor suave y algo homogeneizado al que nos tienen acostumbrados por acá los fabricantes e importadores de cervezas tipo “Pilsen”, le noté un ligero tono amargo que me hizo recordar las cervezas del otro lado del charco. Me gustó bastante.- Ya se acercaba mediodía y pensé en probar bocado antes de iniciar con algún vino blanco, y se me ocurrió la extraña idea de probar los productos del quiosco de Cevichito, un emprendimiento del chef Pedro Acosta, su esposa y un par de amigos, que proponen 14 o mas tipos de ceviche para preparar en eventos, fiestas particulares, corporativas, y similares. Me contó el propio Acosta que ya llevan 6 meses en esto y que les va bastante bien. Luego de la conversa probé el ‘ceviche tradicional’ de pescado y me gustó bastante, está muy bien hecho y recuerda bastante a los que se comen en las cevicherías limeñas, claro que muy a lo venezolano. Recomendable.
Lo que no es recomendable es pasar inmediatamente de probar ceviche a poner en copa un vino blanco. En el stand de Maison Blanche, importadora que trae los excelentes vinos Trapiche al país, entre otros, pedí que me sirvieran, luego de lavar a consciencia la copa recién comprada en la entrada y llena de polvo, un Oveja Negra Chardonnay-Viognier 2008, que debía ser un muy buen caldo, pero que fue tristemente opacado por los ácidos del caldo de limón del ceviche que me quedaron en la boca por un buen rato. Tuve que solucionarlo rápidamente con un par de tragos de la cerveza mencionada anteriormente, tipo de bebida que, por cierto, es la mejor “armonía” que se puede intentar con ese plato de sabores tan fuertes.
Luego de lograr apartar de la boca los restos de limón del ceviche, probé Oveja Negra Rosé Syrah-Cabernet Reserva 2009, un vino rosadoque resultó muy agradable, de color rojo claro, que también podría verse como un «rosado oscuro», algo más frío de lo recomendado, pero que igual dejaba que se sintieran los olores marcados a frutas rojas y alguna nota ácida como de manzana verde (esto después que mejoró la temperatura en copa). De sabor se siente intenso, no es un vino que podamos llamar suave, lo que es bastante agradable y nos hace pensar en usarlo para acompañar almuerzos o cenas con platos no muy complejos, como pastas con carne o ensaladas. Los sabores resaltan la fruta roja y también se siente un dulzor interesante. El final no es largo, diría que medio a corto. En resumen un vino rosado fresco muy recomendable para acompañar una charla entre amigos y amigas sin grandes complicaciones, quizás con unas buenas tapas de salmón.
Esta vez en el quiosco de Distribuidora Di-Masi me sirvieron Hugo Casanova Reserva Chardonnay 2009, un blanco chileno que tenía algún tiempo queriendo probar. A diferencia de los vinos españoles, de este lado del charco el término “Reserva” no lo usan para determinar la cantidad de meses que el caldo ha pasado añejándose en barrica de roble. En este caso casi es así: 60% pasa por roble francés y 40% en los estanques de acero inoxidable. De entrada se nota de color amarillo dorado. En nariz se siente olor a frutas, pero más hacia los aromas dulzones como la piña. En boca reafirma los sabores y aromas a piña y se evidencia el dulce ligero, también da un retrogusto ahumado, que imagino lo aporta el paso por roble. Lo sentí también un poco untuoso, esa sensación como de aceite o mantequilla en la lengua no se consigue fácil en los vinos blancos y que produce una nota bastante grata en general. De final o persistencia media a larga, muy sabroso. En resumen un vino blanco con buen cuerpo, que vale la pena probar.
Pasé luego por el quiosco de Mis Poemas, donde me sorprendí gratamente al conocer a la señora Luisa Amanda González de García, la creadora de los chocolates artesanales que llevan ese poético nombre, y a su hijo Alberto García, quien se encarga de la venta y distribución. Estos chocolates llevo ya un tiempo comprándolos en los supermercados Excelsior Gamma, y lo sigo haciendo porque me gusta mucho su presentación de 75% cacao de Chuao, que ellos mismos cosechan y preparan en pleno San José de Barlovento. Después de expresarles mis respetos y admiración (cualquier emprendimiento es admirable en esta tierra de gracia) me contaron que hacen un trabajo bastante arduo, con un proceso artesanal que los limita bastante cada vez que alguno de los puntos de venta les pide más y más docenas de barras de esos sabrosos chocolates. El hijo se las ingenia para todas las semanas hacerles llegar los productos que la mamá (e imagino algunos ayudantes) termina y sigue creando día tras día. Pásense por su website donde pueden leer su historia y ver algunos de sus productos. Pero mejor es comprarlos y usar, por ejemplo, el Cinta Azul 75% cacao, para armonizar con algún vino de reserva y complejo para que noten lo sabroso de la combinación, como hice hace algún tiempo con una impresionante botella de Caballo Loco No. 10 que aún recuerdo y se me hace agua la boca.- En el stand de Pernod Ricard me detuve un buen rato pues tienen muy buenos vinos, allí probé Etchart Privado Cabernet Sauvignon 2009. Con olores a frutas maduras, un poco alcohólico pero quizás debido a la temperatura. Ya probándolo se sienten los taninos suaves, se nota la fruta madura y, lo que más me gustó, cierto gusto a pimentón y otro sabor ligero que parecía cacao. Eso lo hace un vino bastante interesante para probar de nuevo en uno y dos años y comparar su evolución, que seguro será muy buena, pero al no haber pasado por barrica puede que no aguante una guarda de más de tres años. El final largo reafirma esta idea. En resumen es un vino joven bien estructurado y complejo, por lo que recomiendo que se use para acompañar comidas similares, como carnes rojas o platos con salsas bien aliñadas.

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